El 3-O, vaga general

A la vaga el 3-O contra la violència de l’Estat espanyol, per trencar finalment el règim del 78’ i el seu miratge a tot el territori governat per la manca d’escrúpols de tot tipus des del poder central de Madrid. Cal que, plegades, rebutgem amb contundència l’ocorregut el passat 1-O i, també, esperar que els fets de Catalunya, que han provocat indignació arreu, siguin la gota que fa vessar el got i estenguin com una taca d’oli el rebuig al règim actual. Que l’afirmació als carrers catalans esdevingui la llavor d’una afirmació compartida per un alliberament real a tota l’Espanya que no s’identifica amb el llegat franquista que ens manté “units” a cop de porra.

Aturem-ho tot per apoderar-nos del moment, sense caure en el parany de treballar per cap altra elit; ans al contrari, demostrem que el desig de governar-nos a nosaltres mateixes transcendeix qualsevol estat liberal i els seus mecanismes repressors. Anem a la vaga doncs amb la intenció de demostrar que si empenyem i si persistim amb els nostres cossos als carrers no és perquè obeïm el mandat de cap govern sinó perquè som capaces d’autogovernar-nos i d’esquerdar aquesta Espanya que reté el poder fins a fer-la caure. Diem no a un Estat espanyol que ha decidit posar-se en evidència a si mateix mitjançant una brutalitat que no representa ningú dels qui en suporten el jou en cap de les seves coordenades geogràfiques.

I, finalment, anem a la vaga sense oblidar que “ningú no ens representa” i que el desafiament és tensar els límits fins a poder imaginar què i com volem ser, més enllà d’un “sí” o un “no”, d’un “uns” o “els altres”. La demostració de força i voluntat del passat diumenge no pot aturar-se aquí, convé retenir-la i no cedir ni un pam davant les forces de l’ordre, els mandats o les coaccions dels propers dies. Qui ha desobeït un cop ha d’estar disposat a continuar desobeint.

[CAST]

El 3-O, huelga general

A la huelga el 3-O contra la violencia del Estado español, para romper finalmente con el régimen del 78’ y su espejismo en todo el territorio gobernado por la falta de escrúpulos de todo tipo des del poder central de Madrid. Es necesario que, juntas, rechacemos con contundencia lo ocurrido el pasado 1-O y, a la vez, esperar que los hechos de Cataluña, que han provocado indignación en todos sitios, sean la gota que colma el vaso y extiendan como una mancha de aceite el rechazo al régimen actual.  Que la afirmación en las calles catalanas se convierta en la semilla de una afirmación compartida para la liberación real de toda la España que no se identifica con el legado franquista que nos mantiene “unidos” a golpe de porra.

Detengámoslo todo para apoderarnos del momento sin caer en la trampa de trabajar para ninguna otra élite; al contrario, demostremos el deseo de gobernarnos a nosotras mismas transcendiendo cualquier estado liberal y sus mecanismos represores. Vayamos a la huelga pues con la intención de demostrar que si persistimos con nuestros cuerpos en las calles no es porque obedecemos el mandato de ningún gobierno sino porque somos capaces de autogobernarnos y de fracturar esta España que retiene el poder hasta hacerla caer. Digamos no a un Estado español que ha decidido ponerse en evidencia a si mismo mediante una brutalidad que no representa a nadie de quienes soportan el yugo en ninguna de sus coordenadas geográficas.

Y, finalmente, vayamos a la huelga sin olvidar que “nadie nos representa” y que el desafío consiste en tensar los límites hasta poder imaginar qué y cómo queremos ser, más allá de un “sí” o un “no, de “unos” o los “otros”. La demostración de fuerza y voluntad del pasado domingo no puede detenerse aquí, conviene retenerla y no ceder ni un palmo delante de las fuerzas del orden, los mandatos y las coacciones de los próximos días. Quien ha desobedecido una vez debe estar dispuesto a seguir desobedeciendo.

Anuncis

El 3-O, vaga general

El 3-O, vaga general

 

A la vaga el 3-O contra la violència de l’Estat espanyol, per trencar finalment el règim del 78’ i el seu miratge a tot el territori governat per la manca d’escrúpols de tot tipus des del poder central de Madrid. Cal que, plegades, rebutgem amb contundència l’ocorregut el passat 1-O i, també, esperar que els fets de Catalunya, que han provocat indignació arreu, siguin la gota que fa vessar el got i estenguin com una taca d’oli el rebuig al règim actual. Que l’afirmació als carrers catalans esdevingui la llavor d’una afirmació compartida per un alliberament real a tota l’Espanya que no s’identifica amb el llegat franquista que ens manté “units” a cop de porra.

 

Aturem-ho tot per apoderar-nos del moment, sense caure en el parany de treballar per cap altra elit; ans al contrari, demostrem que el desig de governar-nos a nosaltres mateixes transcendeix qualsevol estat liberal i els seus mecanismes repressors. Anem a la vaga doncs amb la intenció de demostrar que si empenyem i si persistim amb els nostres cossos als carrers no és perquè obeïm el mandat de cap govern sinó perquè som capaces d’autogovernar-nos i d’esquerdar aquesta Espanya que reté el poder fins a fer-la caure. Diem no a un Estat espanyol que ha decidit posar-se en evidència a si mateix mitjançant una brutalitat que no representa ningú dels qui en suporten el jou en cap de les seves coordenades geogràfiques.

 

I, finalment, anem a la vaga sense oblidar que “ningú no ens representa” i que el desafiament és tensar els límits fins a poder imaginar què i com volem ser, més enllà d’un “sí” o un “no”, d’un “uns” o “els altres”. La demostració de força i voluntat del passat diumenge no pot aturar-se aquí, convé retenir-la i no cedir ni un pam davant les forces de l’ordre, els mandats o les coaccions dels propers dies. Qui ha desobeït un cop ha d’estar disposat a continuar desobeint.

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[CAST]

El 3-O, huelga general

A la huelga el 3-O contra la violencia del Estado español, para romper finalmente con el régimen del 78’ y su espejismo en todo el territorio gobernado por la falta de escrúpulos de todo tipo des del poder central de Madrid. Es necesario que, junas, rechacemos con contundencia lo ocurrido el pasado 1-O y, a la vez, esperar que los hechos de Cataluña, que han provocado indignación en todos sitios, sean la gota que colma el vaso y extiendan como una mancha de aceite el rechazo al régimen actual.  Que la afirmación en las calles catalanas se convierta en la semilla de una afirmación compartida para la liberación real de toda la España que no se identifica con el legado franquista que nos mantiene “unidos” a golpe de porra.

 

Detengámoslo todo para apoderarnos del momento sin caer en la trampa de trabajar para ninguna otra élite; al contrario, demostremos el deseo de gobernarnos a nosotras mismas transcendiendo cualquier estado liberal y sus mecanismos represores. Vayamos a la huelga pues con la intención de demostrar que si persistimos con nuestros cuerpos en las calles no es porque obedecemos el mandato de ningún gobierno sino porque somos capaces de autogobernarnos y de fracturar esta España que retiene el poder hasta hacerla caer. Digamos no a un Estado español que ha decidido ponerse en evidencia a si mismo mediante una brutalidad que no representa a nadie de quienes soportan el yugo en ninguna de sus coordenadas geográficas.

 

Y, finalmente, vayamos a la huelga sin olvidar que “nadie nos representa” y que el desafío consiste en tensar los límites hasta poder imaginar qué y cómo queremos ser, más allá de un “sí” o un “no, de “unos” o los “otros”. La demostración de fuerza y voluntad del pasado domingo no puede detenerse aquí, conviene retenerla y no ceder ni un palmo delante de las fuerzas del orden, los mandatos y las coacciones de los próximos días. Quien ha desobedecido una vez debe estar dispuesto a seguir desobedeciendo.

 

Hacer caer el régimen del 78, más allá del Estado y el referendum

“Conserva celosamente tu derecho a reflexionar, porque incluso el hecho de pensar erróneamente es mejor que no pensar en absoluto”

Hipatia de Alexandria. (370-416? dC)

No han sido pocas las veces que hemos señalado el peligro que conlleva, en una ciudad como Barcelona, la maniobra política de maquillar el conflicto social en pos de un ciudadanismo amable, como si el proyecto de ciudad del “Ajuntament” canalizase la totalidad de la sociedad, sin espacio alguno para los que no se benefician del mismo o para las voces que insisten en ser críticas con aquello que algunos vivimos como un continuismo donde el modelo de ciudad privativa se perpetúa. Frente a la expectación y la capacidad de fagocitar cualquier otro debate que ha generado el referéndum del próximo 1-O, alzamos la voz para referirnos a una situación similar. Parece como si, de golpe, el conjunto de la sociedad se abocara a un acto de fe y al idilio fácil y seductor de creer que Cataluña es una y que España es una, y que hay una clase política en Cataluña independentista como bloque de los que tienen razón frente al bloque de políticos corruptos y represores de una España caduca. O que se trata de una España franquista que agoniza y suspende democracias contra los demócratas.

Ciertamente, ¿quién podría defender esta España? No seremos nosotros. No hacía falta ni siquiera presenciar el triste espectáculo de la guardia civil, las suspensiones de la autonomía o las declaraciones y las acciones de corte guerracivilista. Sí, el régimen de la Transición cada vez pende más de un hilo; habiendo sido una gran estafa para todos los españoles y catalanes desde sus inicios, como más profundizamos en la crisis de las instituciones, de la política, la economía y el estado, más nos damos cuenta de ello. La Constitución es también un papel caduco que ha blindado el bienestar de quienes cobran la deuda, pero no ha sido modificado en ningún otro punto desde que fue redactada por un pequeño grupo de políticos que no nos representan. La organización territorial de España es una broma pesada y las pretensiones de unidad, uniformidad y expolio de todo el territorio desde Madrid, vergonzantes. La clase política española gobierna exclusivamente para los poderes económicos y acusa una factura fascista en vocabulario y formas.

Con todo, ¿qué hay de las instituciones catalanas? ¿Qué hay de nuestra clase política y nuestros banqueros? ¿Para quién gobiernan quienes antes como mínimo podíamos identificar como convergentes y ahora danzan agrupados entre PDECat y encajando con una Esquerra Republicana que de izquierda ya no tiene nada? ¿Quién, al fin y al cabo, ha aprobado presupuestos demoledores, mientras nos repetía que nos ajustáramos los cinturones, y encabeza años de transferencias de la pública a la privada sonriendo a la medida de la “Caixa de pensions” -ahora CaixaBank-? La retórica de salvación nacional que ha adoptado la derecha catalana, jamás independentista hasta muy recientemente -si hacemos memoria-, es una retórica de salvación de sí misma, para la misma clase que gobierna el entramado político-empresarial y que lo hará siempre. Quizás resulte incómodo recordarlo en días de euforia en que las calles se llenan espontáneamente y avalan y justifican la existencia de esta misma clase, pero es radicalmente necesario. Que las acciones absolutamente fuera de lugar de unos no nos presenten como héroes inmaculados y defensores del pueblo a los otros. Difuminar las diferencias hasta el punto de ignorarlas en nombre de “hagamos primero un país y luego…”

¿Y luego qué? ¿Y después cuándo? Cualquier desobediencia que siga avalando y reforzando las instituciones de cualquier estado que gobierne para el capital es estéril. Este país “nuestro” seguirá siendo “suyo” durante treinta o cuarenta años más, y seremos muchos quienes perderemos la partida. La precarización de la vida a todos los niveles proseguirá sin freno. Sí, el orden de los factores altera el producto. Entregar el poder a la élite político-financiera para que siga configurando una hoja de ruta que ni siquiera se debate en las calles, en los medios…es perder de entrada. Ninguna revolución popular puede iniciarse bajo semejantes parámetros. Es como si hablar de qué país ya no contara, cuenta llegar a esta meta que, en aras de un misticismo y de la necesidad de vencer al enemigo, se convierte prácticamente en la promesa de una recompensa en otra vida, pintada de la abundancia de la felicidad y recursos que la vida en común de una sociedad de ciudadanos supuestamente armónica debe proveer. ¿Podemos realmente caer en esta trampa? ¿Convertiremos la política en espectáculo nacional de masas nuevamente sin añadir una nueva pretensión para reconstruir unas condiciones de vida que cada vez se ven más y más atacadas?

La única esperanza reside en la brecha que ahora se abre, en la brecha que puede comportar el hecho que tanta gente movilizada le dé un vuelco al curso de los acontecimientos. Que a quienes lo creen bajo control se les escapen las riendas, que se vean superados por el verdadero movimiento de la gente, de base y autoafirmativo, sin pedir ni líderes ni promesas, sino arrancando un futuro que invierta de manera radical las reglas del juego. Que exijamos entre todas una vida distinta si realmente conquistamos el poder de definirla, como se nos dice, sin que Artur Mas -que, efectivamente, sigue maniobrando desde la sombra de forma capital- ni Junqueras ni De Guindos ni Rajoy tengan cabida en ella. Sí, es esta brecha la única esperanza, la brecha que rompa el espejismo, todos los espejismos, para unirnos al movimiento real que anule y supere el estado de cosas actual.

Fer caure el règim del 78, més enllà de l’Estat i el referèndum

“Conserva gelosament el teu dret a reflexionar, perquè inclús el fet de pensar erròniament és millor que no pensar en absolut”. Hipàtia d’Alexandria (370-416? dC)

No han estat poques les vegades que hem assenyalat el perill que comporta, en una ciutat com Barcelona, la maniobra política de maquillar el conflicte social en nom d’un ciutadanisme amable, com si el projecte de ciutat de l’Ajuntament canalitzés la totalitat de la societat, sense espai per als qui no se’n beneficien o per a les veus que insisteixen en ser crítiques amb allò que alguns vivim con un continuisme on el model de ciutat privativa es perpetua. Davant l’expectació i la capacitat de fagocitar qualsevol altre debat que ha generat el referèndum del proper 1-O, alcem la veu per referir-nos a una situació similar. Sembla com si, de cop, el conjunt de la societat s’aboqués a un acte de fe i a l’idil·li fàcil i encisador de creure que Catalunya és una i que Espanya és una, i que hi ha una classe política a Catalunya independentista com a bloc dels qui tenen la raó envers el bloc de polítics corruptes i repressors de l’Espanya caduca. O que es tracta d’una Espanya franquista que agonitza i suspèn democràcies contra els demòcrates.

Certament, qui podria defensar aquesta Espanya? No serem nosaltres. No calia ni tan sols presenciar el trist espectacle de la guàrdia civil, les suspensions de l’autonomia o les declaracions i accions de tall guerracivilista. Sí, el règim de la Transició cada cop trontolla més; havent estat una gran estafa per a tots els espanyols i els catalans des dels seus inicis, com més aprofundim en la crisi de les institucions, de la política, l’economia i l’estat, més ens n’adonem. La Constitució és també un paper caduc que ha blindat el benestar dels qui ens cobren el deute però no s’ha modificat per a res més des que la van redactar un petit grup de polítics que no ens representen. L’organització territorial d’Espanya és una broma pesada i les pretensions d’unitat, uniformitat i espoli de tot el territori des de Madrid, vergonyants. La classe política espanyola governa exclusivament per als poders econòmics i acusa una factura feixista en vocabulari i formes.

Ara bé: i les institucions catalanes? I la nostra classe política i els nostres banquers? Per a qui governen els qui abans com a mínim podíem identificar com a convergents i ara fan balls de bastons agrupats a PdeCat i encaixant amb una Esquerra Republicana que d’Esquerra no en té res? Qui ha aprovat pressupostos demolidors, ens ha repetit que ajustem cinturons, encapçala anys de transferències de la pública a la privada i somriu a la mida de La Caixa de pensions –ara CaixaBank-? La retòrica de salvament nacional que ha adoptat la dreta catalana, mai independentista fins molt recentment -si fem memòria-, és una retòrica de salvament per a ells, per a la mateixa classe que governa per l’entramat polític-empresarial i ho farà sempre. Potser és incòmode recordar-ho en dies d’eufòria en què els carrers s’omplen espontàniament i n’avalen i justifiquen l’existència, però és radicalment necessari. Que les accions absolutament fora de lloc d’uns no ens facin aparèixer com a herois immaculats i defensors del poble els altres. Difuminar les diferències fins a ignorar-les en nom d’un “primer fem un país i després…”

I després què? I després quan? Qualsevol desobediència que continuï avalant i reforçant les institucions de qualsevol estat que governi per al capital és estèril. Aquest país “nostre” seguirà sent “seu” durant trenta o quaranta anys més, i serem molts els qui perdrem la partida. La precarització de la vida a tots els nivells prosseguirà sense aturador. Sí, l’ordre dels factors altera el producte. Entregar el poder a l’elit polític-financera perquè configuri un full de ruta que ni tan sols es debat als carrers, als mitjans…és perdre d’entrada. Cap revolució popular pot iniciar-se sota aquests paràmetres. És com si parlar de quin país ja no comptés, compta arribar a aquesta meta que, en ares d’un misticisme i de la necessitat de vèncer l’enemic, esdevé gairebé com la promesa d’una recompensa en l’altra vida, pintada de l’abundància de felicitat i recursos que la vida en comú d’una societat de ciutadans suposadament harmònica ha de proveir. Podem realment caure en aquest parany? Convertirem la política en espectacle nacional de masses novament sense cap altra pretensió per reconstruir unes condicions de vida que cada cop es veuen més i més atacades?

L’única esperança rau en l’escletxa que ara s’obre, en l’escletxa que pot comportar el fet que tanta gent mobilitzada capgiri el curs de les coses. Que als qui ho creuen controlat se’ls escapin els fils, que es vegin superats pel veritable moviment de la gent, de base i autoafirmatiu, sense demanar ni líders ni promeses, sinó arrencant un futur que capgiri de manera radical les regles del joc. Que exigim entre totes una vida diferent si realment conquerim el poder de definir-la, com se’ns diu, sense que Artur Mas –que, efectivament, continua maniobrant a l’ombra de manera cabdal- ni Junqueras ni De Guindos ni Rajoy hi tinguin cabuda. Sí, és aquesta escletxa l’única esperança, l’escletxa que trenqui el miratge, tots els miratges, per unir-nos al moviment real que anul·li i superi l’estat de coses actual.

Para la ciudad que resiste

“No es competencia del ayuntamiento, es de la Generalitat y del Estado”, dice el gobierno de la Ciudad-Marca desbordada por el turismo masivo. Esta verdad en realidad esconde otra: las competencias del ayuntamiento son muy reducidas y poco pueden hacer para llevar a la realidad las promesas de cambio que vertebraban el programa electoral con el cual ganaron las elecciones de hace dos años; más bien al contrario, la realidad ofrece una perspectiva muy dura: un gran incremento de la pobreza, el paro, los desahucios, la gentrificación, el turismo masivo y el aumento desorbitado de los precios del alquiler, la precariedad.

Los especuladores se multiplican en la Ciudad-Marca en unas concatenaciones sin fin, uno sobre el otro en el nuevo Far-West de la renta inmobiliaria internacional. Frente a esta cuestión la opinión pública dirigida por los principales periódicos, especializados en disfrazar la realidad según sus intereses, nos enfrentan a dos realidades contrapuestas:

La primera es la demanda de una regulación frente a un mercado cada vez más sin frenos que está haciendo imposible vivir en Barcelona. Un proceso que ha llegado a un estadio avanzado de transformación de la ciudad que ha recibido a 18 millones de turistas en 2016 y que está acabando con los barrios tal y como los hemos conocido. El turísmo representa un importante sector productivo que genera 20 millones de euros al día, el 12% del PIB de la ciudad (hasta el 20% si contamos impacto indirecto) y que emplea a 90.000 personas, según datos de la Seguridad Social.

“Ya se han precintado 127 pisos turisticos ilegales” dice la alcaldesa de la Ciudad-Marca en su página Facebook, la realidad es que el monocultivo del turismo ha llegado muy lejos y que hoy es la primera preocupación de las barceloneses según el barómetro municipal. En 2015, según un estudio de la Universidad de Barcelona, los cruceristas hicieron un gasto medio de 202 euros diarios, es decir, una facturación de 842 millones de euros anuales, una aportación al PIB catalán de 436 millones y la creación de 7.400 puestos de trabajo. Sixte Cambra, presidente del puerto, afirma en unas declaraciónes del mismo año que el número de pasajeros que van a pasar por el puerto llegan a superar los 3,7 millones. En este escenario, la economía “colaborativa” desempeña un papel parasitario: a la demanda de movilidad urbana responde con los conductores privados, a la de alojamiento con el alquiler turístico particular, a la de mano de obra para alimentar a esta nueva industria con precariedad laboral, aceptación voluntaria de la eliminación de derechos laborales y el traslado de responsabilidades al trabajador, etc. alimentando de esta manera la multiplicación de plataformas, especuladores, explotación del trabajo y el territorio.

La segunda es la que aplaude a los resultados y a la bondad del sector turístico, la que se indigna cuando una propietaria descubre que su inquilino es parte de un entramado de especuladores que subalquilan su piso a turistas, pero que al mismo tiempo le parece justo y normal pedir 950 euros al més de alquiler por un cuarto de casa de 30 metros cuadrados sin ascensor, en la Barceloneta. La que nos enseña los fantásticos ingresos que produce la industria turistica pero omite que dichas ganancias están destinadas a llenar los bolsillos de quien está dispuesto a destrozar la vida de las personas para enriquecerse.

Las entusiastas de la regulación, que reivindican que un modelo fracasado debe volverse sostenible, seguirán quejándose y a la espera de que los cargos a la Generalitat y el Estado sean ocupados por los suyos para, finalmente, darse cuenta que no hay margen de maniobra, tal y como enseña la experiencia griega. Como un avestruz que esconde la cabeza en la tierra cuando se enfrenta al peligro, enseñan resultados efímeros para disfrazar la impotencia y se escudan en la ley como la única herramienta para cambiar una sociedad cada vez más sometida a los imperativos del capitalismo financiero. Mientras exista la ceguera de los primeros, los segundos tendrán campo libre para contarnos con sus resultados económicos, la “maravillosa” contribución que este modelo ofrece para combatir la precariedad laboral mientras el mismo la reproduce y la profundiza, poniendo el precio que quieran a la vivienda y al trabajo.

Levantar la cabeza y ver que de este paso no quedará ningún espacio para interrumpir este asalto, es una responsabilidad a la cual tenemos que responder cuanto antes. No va del alma de la ciudad, lamentablemente ya vendida como una mercancía más por especuladores y políticos sin escrúpulos, va de la vida de muchas personas.

Canviar la normalitat que fa por {CAT-ESP}

{CAT}

Comunicat sobre l’atemptat del 17/08 a Barcelona

L’atemptat del passat dijous dia 17 a les Rambles de Barcelona reivindicat per Daesh obre una ferida que sentim de manera col·lectiva i que requerirà d’un temps per tal que ens en puguem recuperar. Condemnem aquests actes que colpeixen gent innocent i la converteixen en víctima d’una guerra de la qual no n’és responsable. Volem expressar la nostra solidaritat amb les víctimes d’aquest atemptat terrorista, així com amb totes les víctimes dels atemptats que aquests darrers anys han tingut lloc a moltes ciutats del món. De la mateixa manera, volem transmetre la nostra solidaritat amb la Barcelona antifeixista, aquesta Barcelona que el dia posterior a l’atemptat va bloquejar una manifestació feixista que aprofitava els fets per donar visibilitat a idees racistes i islamòfobes. Els manifestants van ser expulsats amb determinació pels antifeixistes de la ciutat i amb aquesta mateixa determinació volem seguir endavant.

No ens allargarem sobre les responsabilitats i les causes de l’atemptat. Aquestes resideixen en els estats occidentals, en els seus governs i les seves polítiques criminals, que anteposen l’acumulació privada del capital a les vides de les persones, i en els seus mitjans de comunicació, interessats en alimentar aquesta guerra per ocultar la veritat a través de sensacionalisme, mentides i morbositat en lloc d’anàlisi i investigació. Mostrar les imatges de decapitats o abatuts com a trofeus és el modus operandi de Daesh i ha estat el mateix que ha emprat la premsa de l’Estat espanyol durant aquests dies.

Aquest fet tan tràgic ha revelat, amb la seva brutalitat, el reflex de la lamentable situació política de Barcelona, tot traient a la llum les hipocresies i l’harmonia fingida que ens condemnen. A partir del dijous 17, la invitació al retorn a la “normalitat” ha estat allò que l’Ajuntament d’Ada Colau, les forces de l’ordre i la premsa han celebrat amb més insistència. Una normalitat que fereix la ciutat però que, davant de l’odi homicida, es prefereix defensar més que no pas canviar. Defensar la normalitat dins la qual es produeix un atemptat com aquest és un acte d’irresponsabilitat que ens interpel·la. El turisme massiu, l’expulsió dels veïns per la pujada del preu dels lloguers, el racisme i la mercantilització de la ciutat segueixen la seva normalitat enmig de les vetlles improvisades al llarg de les Rambles. Un trist decorat que hem vist ja massa vegades on hi ha qui es fa selfies i menja un gelat als mateixos llocs tot just esbandits de la sang de les víctimes.

La imatge d’una ciutat que el dia després d’un atemptat gihadista respon amb el retorn inmediat a la normalitat gràcies a la ficció que habitem un espai de convivència i tolerància no tan sols és una mentida, sinó que és un element més que s’afegeix a la construcció de la Marca Barcelona. Així mateix, els Mossos i la Guàrdia Urbana, els cossos de policia de la ciutat, han pogut netejar la seva imatge gràcies a aquest atemptat. Després de centenars de denúncies per tortures, assassinats entre ells mateixos i desenes de morts a les comissaries cada any, es reforça als mateixos que desnonen tot rient, que ens apallissen quan ens manifestem, que ignoren les dones que denuncien casos de violència masclista. Els mateixos que protagonitzen batudes racistes, els qui sempre han protegit la classe dirigent, passen ara a ser herois que encapçalen una manifestació de solidaritat, els seus tuits es retuitegen milers de vegades, a la seva presència es correspon amb consignes corejades i aplaudiments.
L’amenaça dels atemptats, més enllà de les vides que s’ha emportat, rau en el fet que aquests reforcen el discurs sobre la necessitat d’incrementar la seguretat i la vigilància policial. S’aprofiten aquestes situacions per situar la policia i les seves accions de patrulla dels carrers i repressió al servei d’una “seguretat” que ataca la llibertat de tothom. Caure en la trampa tot corejant “no tinc por” és no adonar-nos de quin és el dispositiu que estem reforçant: estats d’excepció perpetus contra tothom que intenta manifestar-se en contra d’aquest sistema que produeix mort i pobresa a tot el planeta.

“No tinc por” és el lema de la manifestació de solidaritat convocada per l’Ajuntament i la Generalitat el passat dissabte 26 d’agost. Un lema en singular per cadascuna de les persones situades rere una pancarta on l’Estat i la monarquia espanyola troben la unitat en un dol oportunista entre el Partit Popular i l’independentisme, la socialdemocràcia espanyola i la catalana. Un lema que, una vegada més, en lloc d’unir, parla en singular. El mateix dia de la manifestació es va difondre una fotografia d’unes samarretes amb el lema de la manifestació en una botiga del Born, venut com a marca d’un dol que no permet un nosaltres. El que sí que fa es reproduir actes i minuts de silenci com si de samarretes es tractés per lluir una bona foto a la premsa nacional i internacional d’una ciutat i un Estat units en el teatre de la pau i la convivència, una ciutat que expulsa els seus veïns i un Estat que ven armes. Una manifestació plena de banderes espanyoles i catalanes, per tal que l’horror de les Rambles pugui ser reemplaçat per la festa dels interessos de la seva agenda política. Aquestes són la Marca Espanya i la Marca Barcelona costat per costat, sense cap por ni decència.

Per últim, voldríem subratllar que els atemptats terroristes no són responsabilitat de tota la societat. El terrorisme, com la màfia, no és responsabilitat de tothom. No es tracta de reivindicar polítiques d’integració, el problema no és cultural sinó de recursos, de condicions materials, de relació de forces. Els responsables tenen noms i cognoms: són els qui perpetuen la barbàrie, la guerra, la precarietat, la pobresa, l’odi, el colonialisme, el racisme i el patriarcat per als seus propis interessos. L’enemic és el feixisme. Nosaltres, en canvi, som els qui resistim i lluitem per millorar les nostres condicions de vida contra aquells que volen degradar-les cada dia més, els qui volem la igualtat i la justícia social. Som partisans perquè hem decidit de quin costat estar, el de la solidaritat antifeixista, i convidem a tothom a no només limitar-se a expressar la indignació a les xarxes socials o el dol en un minut de silenci, sinó a prendre partit junts per construir un recorregut, un moment d’apertura per reflexionar, compartir i construir una acció política col·lectiva.

Després d’un atemptat terrorista, la darrera cosa que hauríem de fer és retornar a la “normalitat”. No volem aquesta normalitat que fa por. Després d’un acte terrorista, hauríem de replantejar-nos profundament on estem fallant com a societat i sacsejar els fonaments sobre els quals se sustenta el sistema per lluitar per altres realitats radicalment diferents. Aquest seria, per nosaltres, el millor homenatge que podríem fer a les tan instrumentalitzades víctimes.

27/8/2017
BCN Ens Ofega

{ESP}

Cambiar la normalidad que da miedo

Comunicado sobre el atentado del 17/08 en Barcelona.

El atentado del pasado jueves 17 en las Ramblas de Barcelona reivindicado por Daesh abre una herida que sentimos colectivamente y que requerirá un tiempo para que nos recuperemos. Condenamos estos actos que golpean a gente inocente y la convierten en víctima de una guerra de la cual no es responsable. Queremos expresar nuestra solidaridad con las víctimas de este atentado terrorista, así como con todas las víctimas de los atentados que en estos años se han dado en muchas ciudades del mundo. Igualmente, queremos transmitir nuestra solidaridad con la Barcelona antifascista, la que el día después del atentado bloqueó una manifestación fascista que aprovechaba los hechos para dar visibilidad a ideas racistas e islamófobas. Los manifestantes fueron expulsados con determinación por los antifascistas de la ciudad y es con esa misma determinación con la que queremos seguir adelante.

No vamos a extendernos sobre las responsabilidades y las causas del atentado. Éstas residen en los estados occidentales, en sus gobiernos y en sus políticas criminales, que anteponen la acumulación privada del dinero a las vidas de las personas, y en sus medios de comunicación, interesados en alimentar esta guerra para ocultar la verdad a través de sensacionalismo, mentiras y morbo en lugar de análisis e investigación. Mostrar las fotos de decapitados o abatidos como trofeos es el modus operandi de Daesh y ha sido el mismo empleado por la prensa del Estado español en estos días.

Este hecho tan trágico ha revelado, con su brutalidad, el reflejo de la lamentable situación política en Barcelona, sacando a la luz las hipocresías y la fingida harmonía que nos condenan. A partir del jueves 17, la invitación a la vuelta a la “normalidad” ha sido la que el Ayuntamiento de Ada Colau, las fuerzas del orden y la prensa han celebrado con más insistencia. Una normalidad que daña a la ciudad pero que, frente al odio homicida, se prefiere defender más que cambiar. Defender la normalidad donde se produce un atentado como este es un acto de irresponsabilidad que nos interpela. El turismo masivo, la expulsión de los vecinos por la subida de los precios de los alquileres, el racismo y la mercantilización de la ciudad, siguen su normalidad en medio de velatorios improvisados en las Ramblas. Un triste decorado que hemos visto ya demasiadas veces donde hay quien se saca selfies y come un helado en los mismos lugares recién limpiados de la sangre de las víctimas.

La imagen de una ciudad que el día después de un atentado yihadista responde con la inmediata vuelta a la normalidad gracias a la ficción que habitamos un espacio de convivencia y tolerancia no sólo es una mentira, sino que es un elemento más que se añade a la construcción de la Marca Barcelona. Asimismo, los Mossos y la Guardia Urbana, los cuerpos de policía de la ciudad, han podido limpiar su imagen gracias a este atentado. Después de cientos de denuncias por torturas, asesinatos entre ellos y decenas de muertes en comisaría al año, se refuerza a los mismos que desahucian riéndose, que nos dan palizas en las manifestaciones, que ignoran a las mujeres cuando denuncian casos de violencia machista. Los mismos que protagonizan redadas racistas, los que siempre han protegido a la clase dirigente, pasan a ser héroes que encabezan una manifestación de solidaridad, sus tuits se retuitean miles de veces, a su presencia corresponden coros y aplausos.
La amenaza de los atentados más allá de las vidas que lamentablemente se lleva por delante, subyace en el hecho que éstos refuerzan el discurso sobre la necesidad de más seguridad y vigilancia policial. El aprovechar estas situaciones para situar a la policía y a sus acciones de patrulla de las calles y reprimenda en pos de una “seguridad” ataca a la libertad de todos nosotros. Caer en esa trampa coreando “no tengo miedo” es no darnos cuenta de qué dispositivo reforzamos: los estados de excepción perpetuos contra todos los que intentan manifestarse en contra de este sistema que produce pobreza y muerte en todo el planeta.

“No tengo miedo” es el lema de la manifestación de solidaridad convocada por el Ayuntamiento y la Generalitat el pasado sábado 26 de agosto. Un lema en singular para cada una de las personas detrás de una pancarta donde el Estado y la monarquía encuentran la unidad en el duelo oportunista entre el Partido Popular y el independentismo, la socialdemocracia española y catalana. Un lema que, una vez más, en lugar de unir, habla en singular. El mismo día de la manifestación, se difundió una fotografía de unas camisetas de una tienda del Born que llevan impreso el lema de esa manifestación del 26 de agosto, vendido como una marca del duelo colectivo que no admite un nosotros. Lo que sí que hace es producir eventos y minutos de silencio como si de camisetas se tratara para lucir una buena foto en la prensa nacional e internacional de una ciudad y un Estado unidos en el teatro de la paz y la convivencia, una ciudad que expulsa a sus vecinos y un Estado que vende armas. Una manifestación llena de banderas españolas y catalanas, de modo que el horror de la Rambla pueda ser reemplazado con la fiesta de los intereses de su propia agenda política. Éstas son la marca España y la marca Barcelona a la vez: no tienen miedo ni decencia alguna.

Por último, querríamos subrayar que los atentados terroristas no son responsabilidad de toda la sociedad. El terrorismo, como la mafia, no es responsabilidad de todos. No se trata de reivindicar políticas de integración, el problema no es cultural sino de recursos, de condiciones materiales, de relación de fuerzas. Los responsables tienen nombres y apellidos y son los que perpetúan la barbarie, la guerra, la precariedad, la pobreza, el odio, el colonialismo, el racismo y el patriarcado para sus propios intereses. El enemigo es el fascismo. Nosotros, en cambio, somos los que resisten y luchan para mejorar nuestras condiciones de vida contra quien quiere degradarlas cada vez más, los que queremos igualdad y justicia social. Somos partisanos porque hemos decidido de que lado estar, el de la solidaridad antifascista, e invitamos a todos a no limitarse con expresar la indignación en las redes sociales o el duelo en un minuto de silencio, sino a tomar partido juntos para construir un recorrido, un momento de apertura para reflexionar, compartir y construir una acción política colectiva.

Después de un atentado terrorista, lo último que tendríamos que hacer es volver a la “normalidad”. No queremos esta normalidad que da miedo. Después de un acto terrorista, deberíamos replantearnos profundamente dónde estamos fallando como sociedad y sacudir los cimientos sobre los que se sustenta el sistema para luchar por otras realidades radicalmente diferentes. Este sería, a nuestro parecer, el mejor homenaje que podríamos hacer a las tan instrumentalizadas víctimas.

27/8/2017
BCN Ens Ofega